10/4/15

"Magdalena despierta", por @XimenaPeredoR

Magdalena despierta

Ximena Peredo

(10-04-2015).- Con licencia, hoy echaré mano de un pasaje bíblico. En los alrededores del sepulcro, María Magdalena se encuentra tan arrojada a su duelo, tan desolada, que su tristeza le impide reconocer al mismo Jesús resucitado, que le habla.

Los mexicanos estamos un poco así, como la Magdalena. Lloramos la avalancha de desgracias, inventariamos los agravios y no logramos ver por dónde las cosas mejorarán. ¡No hay alternativas!, sollozamos. ¡Todo está podrido!, nos limpiamos los mocos.

Y no es que las cosas estén mejor de lo que pensamos, pero sospecho que estamos atrapados en no poder reconocer las alternativas que nuestras mentes no puede pensar.

Llevado a la metáfora pascual, digamos que Magdalena, al no esperar encontrarse a Jesús vivo -tres días después de verlo crucificado-, simplemente no lo pudo ver. Es decir, la crisis política mexicana está más instalada en nuestras mentes gobernadas, que en los destrozos materiales de los propios Gobiernos.

Un ejemplo de ello es que sólo estamos dispuestos a determinadas soluciones. Las alternativas fuera de nuestro marco de posibilidades imaginadas no existen.

Así, por ejemplo, esperamos que sea un candidato honesto, o un cuerpo de líderes decentes quienes aparezcan, tomen la batuta, y nos indiquen la nueva ruta. Éstos son los héroes imaginables, otros no hay.

El racismo institucional, instalado desde la época colonial hasta nuestros días, nos ha programado para creer que los inteligentes, los decentes, los jefes son, básicamente, hombres blancos con poder. Estos tres elementos, sexo, color de piel y clase social, han creado códigos errados de lectura. En México, una persona es de entrada "respetable" si suma estos elementos.

En contraposición, una mujer morena y pobre sería el último de los personajes en donde ubicaríamos "al héroe". Las comunidades indígenas, símbolo de ignorancia y retraso, nunca podrían enseñarle al resto "mestizo" a hacer política. Confundimos lo impensable con lo imposible.

El neoliberalismo impuso a base de políticas públicas una (falsa) línea evolutiva que empujaba a las poblaciones rurales hacia los entornos urbanos. La superación, la educación, el conocimiento valioso rodaba en motor sobre concreto y estudiaba en las universidades. Efecto de estas ideas, hoy los habitantes de las ciudades se resisten a mirar a los pueblos para aprender a vivir bien.

Y no es que ni en lo rural ni en lo indígena exista algo esencial o puro, pero parece que el eslabón más débil, las poblaciones más oprimidas, las que no tienen nada que perder, rompen la cadena de impunidad.

No son ni todos los indígenas ni todos los pueblos, pero ha comenzado la construcción de un nuevo-viejo umbral, una otra posibilidad política: organización sin partidos políticos, sin campañas, sin dinero.

Cherán va a dejar de ser pronto una experiencia excepcional, una fuga inexplicable del sistema, para convertirse, así lo espero, en la primera experiencia mexicana de autonomía político-institucional.

Los padres de los normalistas desaparecidos ya hicieron pública su intención. Escribieron al Consejo General del INE para explicarles -porque siguen sin aceptarlo- que no hay condiciones para que las elecciones partidistas se lleven a cabo en donde faltan 43 estudiantes, y otras 30 mil personas en todo el territorio nacional, víctimas del sistema político podrido que sólo busca, por la vía del sufragio, ampararse en la impunidad.

Los padres de los 43 normalistas desaparecidos en protesta frente al Instituto Nacional Electoral (Cuartoscuro).
"Sin elecciones estaríamos sujetos a la arbitrariedad del más fuerte y a los riesgos de que el acceso a los cargos del gobierno se resolvieran recurriendo a la violencia política", contestaron los 11 consejeros del INE haciendo pública su ignorancia y su gravísima ceguera institucional.

Fueron todavía más erráticos al sostener: "La Constitución no concibe un solo resquicio para que no haya elecciones".

No se trata de resquicios, sino de derechos claramente expresados, que los consejeros no quieren ver so riesgo de volverse irrelevantes. Artículo 39 de la Constitución Mexicana: "El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno".


ximenaperedo@gmail.com




Editorial publicado en El Norte el 10 de abril de 2015.

6/4/15

Denuncia BUM a autoridades municipales y empresa Javer por tala de decenas de encinos en Apodaca

Este lunes 6 de abril  la organización ciudadana Bosque Urbano México (BUM) publicó en su canal de Youtube un video en el que denuncia al Municipio de Apodaca y la empresa desarrolladora Javer por la tala de decenas de árboles nativos de la especie Encino bravo.

A continuación te compartimos el texto el video y texto con los cuestionamientos de la organización ciudadana.

 


Con el fin de urbanizar un fraccionamiento de casas cuyo diseño no contempla en absoluto la existencia de árboles longevos, Javer -la empresa desarrolladora de vivienda, con aval del municipio de Apodaca (a menos que el municipio aún no esté enterado de esto, lo cual sería rarísimo) está derribando decenas de árboles nativos de la especie Encino bravo (Quercus fusiformis).

Hay varias cuestiones muy graves en esta situación, que debemos analizar:
1. ¿Tienen permiso?
2. Si tienen permiso, ¿cómo es posible que en los reglamentos municipales se contemple avalar avalar este tipo de daño?
3. Si tienen permiso, ¿cuánto pagaron por la reposición de este arbolado? ¿Y cuál es la estrategia del municipio para el uso de este pago -en dinero o especie?
4. ¿Cómo es posible que se diseñe un fraccionamiento "dibujando" lotes para casas donde están estos árboles?
5. Un árbol de este tamaño puede llegar a tener un valor económico de más de 750,000 pesos, sin contar servicios ambientales y sociales, ¿cómo la utilidad que se obtiene de la vivienda o lote que se gana al derribar el árbol, con valor de venta de 1 millón de pesos, es valuada más arriba que el árbol derribado?
¿Por qué un empresa como esta, del tamaño y experiencia de Javer, hace desarrollos con una visión de diseño obsoleta? sin contemplación alguna del entorno natural y de criterios de sostenibilidad.

Y muchas más preguntas...

Imagen: Youtube

Imagen: Youtube

Imagen: Youtube

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@CocaCola, 100 años enfermando a la gente



Coca Cola, 100 años enfermando a la gente



31 de abril, 2015
Ecoportal


“No es 100 años vieja, sino 100 años joven y 100 años nueva”. Con esas erráticas palabras la transnacional estadounidense Coca Cola, festeja el centenario de su icónica botella de vidrio Contour, que desde el año 1.915 viene lavándole el cerebro a toda la Humanidad, destruyendo la salud de sus inocentes víctimas, contaminando los recursos naturales del Medio Ambiente, y adorando ciegamente a la chispa del dios dinero, que le paga con religiosidad las infernales estrategias de marketing.




Aunque comenzó siendo vendida en las farmacias de Estados Unidos, el tónico cerebral Coca Cola generaba una gran adicción al juntarse con la saliva, con la lengua y con la garganta de sus hipnotizados pacientes, por lo que el espíritu capitalista del farmacéutico Pemberton, convertiría el codiciado jarabe para la tos en el famoso refresco americano, que representa la máxima expresión cultural del gran pueblo estadounidense.

¿Por qué es tan oscuro el líquido de la Coca Cola? Si bien Samuelson intentó disimularlo con la elegancia de una silueta curva en relieve, no pudo limpiar la sucia imagen de la botella americana, que sigue siendo imposible de mirarla fijamente a los ojos, porque desconocemos el grosor de las cicatrices que burbujean en su turbio corazón. Yo me quedo admirando la forma y el fondo de la Coca Cola, solo para preguntarme ¿Cómo es posible que la gente ingiera litros y más litros de la atrofiada pócima mágica? Seguro que Dalí, Warhol, Baker y Rockwell se arrepienten de haber manchado el óleo y la tinta de sus obras de arte, con el simplismo taciturno de la estampida del buey.

Si no entiendes el significado de mis laicas palabras, es porque te encanta beber y eructar con una refrescante Coca Cola en la palma de tu mano, mientras te rascas el trasero lleno de flatulencias y hemorroides con el imperdible control remoto, esperando disfrutar la televisión basura que entretiene desde el cómodo sofá de tu hogar.



Dicen que el Universo es tan infinito como la ilimitada estupidez humana. Agua para que florezcan las plantas del soleado jardín, y Coca Cola para enfermar nuestros envejecidos cuerpos. La gente ya no distingue el bien del mal, el amor del odio y la verdad de la mentira. ¡Qué fácil es lavarle el cerebro a la Sociedad Moderna! Basta con un constante bombardeo publicitario en las calles, con hiperactivos spots en la TV, con pegajosos jingles en la radio y con coloridos banners en la Internet, para que el Tío Sam y su legendario adoctrinamiento de masas Made in USA, logre conseguir todas las metas que se proponga en la vida.

No es casualidad que uno de los slogans de la Coca Cola, para celebrar los 100 años de la botella Contour sea "Contiene recuerdos y otros ingredientes secretos". Precisamente, en sus ingredientes secretos radica el mayor éxito de la Coca Cola, pues transmite oralmente enfermedades degenerativas a todos sus consumidores, gracias a la prematura llegada de la diabetes que te vuelve adicto a la inyección de una trágica insulina, por toda la glucosa que se acumula en la sangre producto de la obesidad de los enfermos, quienes tarde o temprano acabarán postrados en una cama, preguntándose ¿Qué hice yo para merecerme esto?

Hasta la Organización Mundial de la Salud (OMS), que cada año recibe el jugoso financiamiento económico de la empresa Coca Cola, tuvo que reconocer públicamente que la venta indiscriminada de refrescos alrededor del planeta Tierra, es uno de los factores principales que acelera la aparición de la hiperglucemia, de la osteoporosis, de la hipertensión, de la gastritis aguda, de los cálculos renales, de la taquicardia y del deterioro del esmalte dental por la presencia de caries.

Recientemente leía comentarios escritos en las redes sociales por unos fanáticos de la Coca Cola, quienes no reconocían los daños a la salud causados por su ingesta. Ellos criticaban al resto de los foristas, y argumentaban sus opiniones a favor del refresco diciendo lo siguiente: "Váyanse a la mierda hijos de puta. ¡Aguante la Coca Cola!" "No digas boludeces maricón, andá a cagar" "Vergación si hablan paja, son una bola de huevones".

Navegando de incógnito en la Web, me preguntaba en silencio ¿Qué relación existirá entre la gente boca sucia y los consumidores de Coca Cola? Uno sale a la calle y observa que la mayoría de los individuos groseros, vulgares y obstinados que nacen, crecen y se reproducen en la amalgama multicultural de nuestras ciudades, son acérrimos adeptos de las bebidas carbonatadas que ofrece la transnacional estadounidense Coca Cola.

Antes de perder mi fe en la Humanidad, leí otro comentario que decía "Es un tema complejo, porque todos sabemos lo dañina que es la Coca Cola para la salud, pero con hielo y estando bien fría, qué mas da, jajaja". Tras leer su mensaje le pregunté en calidad de invitado "Amigo ¿Por qué no lees lo que acabas de escribir? Él me dijo ¿A qué te refieres? Y yo le dije ¿Cómo es posible que sigas bebiendo Coca Cola, si tú mismo reconoces que es perjudicial para el organismo? Finalmente me respondió "No lo sé, algún día supongo que la voy a dejar, no sé cómo ni cuándo, pero de que la dejo, la dejo", y me colocó un emoticón de carita feliz para terminar con su sincera respuesta.



Esa triste forma de pensar, es un espejo social de la adicción generada por el consumo de los refrescos a escala mundial. Hay mucho conformismo, terquedad y necesidad en dejar que otros decidan nuestro propio estilo de vida, incluyendo los hábitos alimenticios, los tiempos de ocio, los perfiles laborales, los gustos musicales, el estado civil, los prejuicios morales y hasta las preferencias sexuales. Vemos que la presión social de encajar con los ovejas del rebaño, nos deja esclavizados a obedecer la mediática voz de mando, sin pensar en el quiebre de la capacidad analítica y reflexiva que yace con independencia en cada uno de nosotros.

Quisiéramos preguntarle a la bondadosa Sylvia Likens, qué sintió después que la obligaron a meterse en dos ocasiones, una botella de Coca Cola dentro de su vagina. Por infortunio, ella murió y jamás reveló la fórmula secreta del alucinante refresco. Pero nos dejó una gran lección de vida: La Coca Cola es un fiel reflejo del deshumanizado Mundo en el que vivimos, donde el materialismo, la hipocresía, la sed de venganza, el rencor, el orgullo, la soberbia y la envidia, van de la mano con la refrescante chispa de la vida.

Pregúntate y respóndeme con sinceridad ¿Le habrías salvado la vida a Sylvia? Yo creo que le hubieras hecho bullying hasta cansarte, luego le tomarías un selfie mientras se desangra frente a ti, y finalmente subirías la macabra foto a tu muro de Facebook, para obtener con rapidez un millón de nuevos seguidores.

Desde su fundación que data del año 1886, la Coca Cola se transformó en el gran símbolo de la guerra, del racismo y del genocidio impuesto por el régimen norteamericano, representando con gran fidelidad la fútil idiosincrasia de su gente. No sólo porque financió la campaña electoral del genocida George W Bush, quien ya tiene asegurado un puesto V.I.P en el infierno, sino porque la Coca Cola siempre ha estado involucrada en desfalcos, sobornos, actos de corrupción, secuestros, torturas, paramilitarismo y asesinatos que cobraron la vida del sindicalista Pedro Quevedo en Guatemala, cuya sangre llena de impunidad social, sigue resplandeciendo en el hermético vestíbulo del Hotel Mezhdunarodnaya en Rusia.

Con su hashtag #BotellaÚnica, la Coca Cola viene desarrollando una agresiva campaña de marketing para festejar sus 100 años de poca madre. Desde las redes sociales de Twitter y Facebook, hemos visto analogías que comparan la ingesta de la Coca Cola con el cosquilleo que produce dar el primer beso. Se afirma que la felicidad se destapa cuando compartes una Coca Cola. Piden que la efervescencia alcance las estrellas dentro de sus botellas. Nos aseguran que el sonido perfecto "Phsst, fizzzz, clink clink, glug, glug? ahhh" proviene de una Coca Cola. Y hasta un fanático extremo reconoce que sus dos amores en la vida son la videoconsola X-Box 360 y una botella de Coca Cola.

Yo creo que la Coca Cola se convirtió en una religión adorada por los "cocacoleros", porque nos acompaña en los momentos de alegría y nos ayuda en los momentos de tristeza. Es omnipresente, pues se vende en más de 200 países del Mundo. Todos los días la compramos y la honramos como si fuera un mandamiento o un manuscrito bíblico. Ninguna religión es más todopoderosa que la canonizada Coca Cola, ya que rompe con las barreras culturales, lingüísticas y sociales que separan a diario a su feligresía universal.

Tanto así, que Coca Cola inspiró a 200 jóvenes de distintas nacionalidades, para que cantaran desde una colina en Italia "Me gustaría hacer del Mundo un hogar, quiero enseñarles a cantar y enviar un mensaje de paz". Definitivamente ¡Lo lograron! Por eso nos deleitamos al observar que todas y todos le rinden pleitesía al monoteísmo de la Coca Cola, y se gozan al máximo cada bendito sorbo que ilumina la chispa de la vida, simbolizando una luz de esperanza para mantener la paz que habita en el esquizofrénico planeta.

Cabe destacar, que en su nuevo spot titulado "Un Mundo Generoso", podemos ver el altruismo que despierta la Coca Cola en sus solidarios consumidores. Desde un agradable turista en un kiosco, pasando por una enojada monja a quien le remolcaron su accidentado carro con una grúa, y llegando hasta un valiente bombero rescatista, se inhiben de beber el codiciado refresco para entregarle "la felicidad" a otra persona menos favorecida. ¡WOW! Es sorprendente ver el júbilo de la monja al aceptar la Coca Cola, y tenerle más fe a una sagrada botella de vidrio que al rezo de los grandes misterios del rosario.

No hay duda que vivimos inmersos en un despiadado proceso de transculturación, de hipnosis colectiva y de alienación social, que deja a la Pachamama al borde del fatal ecocidio. Pese a la alegría de la monjita, debemos considerar que por culpa de la reluciente botella Contour, el tono rojizo de la Coca Cola se convirtió en un baño de sangre para la Madre Tierra. Tenemos el anecdótico caso del río Matasnillo y de la Bahía de Panamá, donde Coca Cola derramó miles de litros de un colorante químico, que perturbó la hermosísima flora y fauna panameña e impactó el iris de los atónitos pobladores, quienes pensaron ser testigos de la primera de las plagas egipcias.

Sabemos que la prestigiosa confederación Oxfam ubicó a la Coca Cola, en la lista de las 10 transnacionales menos comprometidas en frenar los estragos ambientales, causados por las emisiones de gases de Efecto Invernadero en el planeta Tierra. La colosal quema de combustibles fósiles (petróleo, gas natural, carbón), facilita la retención en la atmósfera del dióxido de carbono, metano y óxido nitroso. Así, se acrecienta el problema del Cambio Climático y de sus drásticas alteraciones meteorológicas, que incluyen sequías, incendios forestales, pérdidas de cosechas y desertificación de los suelos, para que se acelere el implacable Calentamiento Global en los cimientos de la biosfera.

En calles, plazas, aceras, parques y demás espacios públicos de nuestras ciudades, hay un sinfín de latas y botellas de Coca Cola aglomeradas en el suelo, las cuales van destruyendo el equilibrio ecológico de ríos, playas, humedales y campos rurales. Es común visualizar el recorrido citadino de los gigantescos camiones rojos de la Coca Cola, llenos de humo diesel para quemar la santidad del aire a través del tubo de escape, y provocar enfermedades respiratorias en los malogrados pulmones del prójimo. Los camioneros deben mear y entregar con premura el adictivo refresco a los restaurantes, a los kioscos, a las tiendas, a los colegios, a las canchas deportivas, a los bodegones y a los centros comerciales.

Pero nunca se aprecia que los monstruosos camiones o sus diminutos consumidores, se dediquen a recoger, reutilizar y reciclar todos los envases de plástico, vidrio y aluminio que se acumulan en la capa vegetal o en el asfalto. La apatía ecológica de la Coca Cola, es comprobable viendo el etiquetado especial de sus botellas, para evocar los 100 años de la inigualable Contour. Si observamos en detalle la información de la etiqueta, resultará casi imposible hallar el símbolo de respeto ambiental, que invita a desechar el envase en un contenedor de basura.

Recordemos que el plástico y el vidrio son dos de los materiales sintéticos, que generan mayor polución en el entorno biofísico que albergamos, pues la Naturaleza tarda de 100 a 4000 años en lograr la biodegradación total de los tóxicos envases inorgánicos. Por culpa de transnacionales irresponsables como Coca Cola, hay más de 8 millones de toneladas métricas de plástico flotando en los océanos del planeta Tierra, que se están transformando en basureros marinos repletos de tereftalato de polietileno (PET), por la falta de políticas públicas que prioricen el reciclaje y protejan a las especies de fauna acuática.

Es consabido que la Coca Cola junto a sus salvajes aliados comerciales, que abarcan a Monsanto, Nestlé, McDonald´s y Cargill, están involucrados en graves delitos ambientales, que engloban la deforestación progresiva de los bosques nativos y la contaminación de fuentes de agua dulce y salada en la geografía del Mundo, por la expansión de la frontera agrícola y por las frecuentes descargas de residuos industriales que polucionan los hábitats. Así, se priva del vital líquido a los pueblos y a los lugareños que se cruzan con el mercantilizado camino de la ambición corporativa, buscando que las atemporales concesiones, las explotaciones de pozos o las kilométricas hectáreas, tengan espacio de sobra para aniquilar los ecosistemas y la biodiversidad autóctona.

Usted seguramente desconoce que por cada litro de la azucarada Coca Cola, se requieren en promedio 2,5 litros de agua, para comprobar el fracaso de los Objetivos del Milenio emprendidos por la ONU, y reeditar el triunfo del incontrolable empobrecimiento global. Basta con mover la brújula a Chiapas, Kerala, Concón, Fontibón o Nejapa, para beber un poco de los efluentes cancerígenos que se llevan la vida de los agricultores y de los campesinos. No obstante, duele reconocer que esos aguerridos compatriotas en pie de lucha, también se beben los litros de la espumosa Coca Cola mientras protestan por los derechos de sus tierras, ya que la transnacional yanqui sabe confundir, engañar y lavarles el cerebro a las comunidades globales.



Además, la Coca Cola es con insistencia demandada por la explotación laboral, por los despidos masivos y por el incumplimiento de contratos que afectan a sus trabajadores. Ellos no son vistos como Seres Humanos, sino como máquinas borregas dominadas por el sistema opresor de turno. Basta con viajar a la planta embotelladora de Coca Cola en Fuenlabrada (España), y apreciar como el desmantelamiento de sus instalaciones perjudicó a gran parte de la masa obrera, que fue echada a la calle, golpeada y reprimida por la policía española al servicio de la transnacional americana.

Un gran número de asalariados no fueron reenganchados a sus puestos de trabajo, incumpliendo las decisiones judiciales de los organismos competentes en España. Pero cuando se trata de cumplir con la ley, la Coca Cola siempre evita pagar los sueldos, las prestaciones sociales, los seguros médicos y demás beneficios contractuales, porque tiene maletines dolarizados por doquier para comprar los bolsillos de los jueces, de los tribunales y de las salas constitucionales. Incluso, los recortes de personal establecidos sin previo aviso, sumado a las pésimas condiciones de trabajo y a la sobrecarga laboral impuesta por la Coca Cola, han llevado al suicidio forzado a muchísimos de sus empleados, tal como aconteció con los trabajadores de Télécom en Francia o de Foxconn en China.

¡Qué loco se ha vuelto este Mundo! Se encuentra tan oscuro como el pasado, el presente, y el futuro de la hitleriana Coca Cola en el Cuarto Reich. Antes nos exterminaban dentro de las cámaras de gas, con el ácido cianhídrico enlatado en el Zyklon B. Ahora nos asesinan a cielo abierto, con el ácido fosfórico embotellado de la Coca Cola. Ambos son potentes pesticidas que causan la muerte de sus cándidas víctimas. Seguimos estando presos en el holocausto de Auschwitz. El Zyklon B lo siguen vendiendo para exterminar la plaga de insectos y roedores checos. La Coca Cola la siguen vendiendo en casi todo el planeta Tierra, para exterminar insectos, roedores y al Homo Sapiens. Ayer nos decían con entusiasmo Arbeit macht frei. Hoy nos dicen con alevosía zu Tode Trinken.

Creemos que si las personas se atrevieran a triturar una lata con el puño cerrado, o a romper una botella de vidrio con furia en el pavimento, seguro que se les quitarían las ganas de ingerir litros y más litros de la gasolina con hielo. La gente bebe Coca Cola como una ridícula treta psicológica para sacarse las frustraciones, el stress, los corajes y las ansiedades que se amontonan en la vida diaria de ancianos, adultos y niños.

Sin embargo, dicen que la única forma de que la Coca Cola pueda causarle daño a un niño, sería que alguien lanzara una botella por la ventana y le cayera encima. Por eso me entristece ver que jovencitos y hasta bebés recién nacidos, se la pasan chupando Coca-Cola por la completa irresponsabilidad de sus padres, quienes acabaron traumados por tantas botellas de Coca Cola que les lanzaron desde la ventana en la etapa de la infancia.

Es la auténtica verdad. Sus progenitores juegan con la salud de sus hijos, sin pensar en las consecuencias negativas de malograr el hígado, los riñones, el páncreas, la vesícula, los dientes, y los huesos de sus gordísimos retoños lactantes. Lo que empiezan siendo calambres musculares, se convierten en úlceras que terminan en amputaciones, por los kilos de azúcar que la diabética Coca Cola deposita e incinera en el reloj biológico del cuerpo humano.

Hirviéndola en una cazuela a fuego lento o mezclándola con leche descremada, con filetes de carne, con pastillas de mentas, con bichos del jardín o con tornillos oxidados, es impresionante dilucidar al alto poder corrosivo de la Coca Cola, que se transforma en azul petróleo, en huevo podrido, en desinfectante del inodoro, en aceite lubricante, en explosión doméstica y en plaguicida de bajo costo.

Vale aclarar, que la combinación de agua carbonatada con ácido ortofosfórico, cafeína, aspartamo, benzoato de sodio, fenilalanina, metanol, color caramelo, fructosa, acesulfame de potasio, y demás ingredientes adheridos a las gaseosas de Coca Cola (Original, Light, Zero, Stevia), influyen con mayor daño en nuestro organismo que los cigarrillos, los energizantes y las cervezas.

Es tanta la perversión consumista, que Coca Cola le paga a famosos nutricionistas, instructores de gimnasios y expertos del fitness, para que tiren a la basura su ética profesional y afirmen en blogs, en periódicos y en revistas como "American Heart Month", que una lata pequeña de Coca Cola constituye "una buena merienda" para mantener ejercitado el cuerpo. De igual manera, se maquilla el veneno con el uso de saborizantes artificiales (vainilla, limón, naranja, cereza, uva), que envician las papilas gustativas de los adictos cocacoleros, para que rechacen cualquier bebida, zumo o alimento de origen natural.

Seamos sinceros, la composición química de la Coca Cola demuestra claramente que es una droga vendida sin prescripción médica. Usted se está drogando a diario consumiendo una sustancia transgénica invasiva, que desequilibra el bienestar físico y mental del cuerpo humano. Si supieran que la vida es un pequeñísimo instante sideral en retrospectiva, no fueran tan tontos para asfixiar por voluntad propia el pequeñísimo sueño cósmico de la vida, bebiendo la ignorante chispa que honra la muerte.

Piensa que tu abuelo podría haber vivido 10 años más, tu mamá podría haber vivido 5 años más, y tú tienes la vida entera para recapacitar y no continuar haciéndole un irreparable daño al organismo. Yo no lo digo porque escribí un artículo de opinión o porque investigué bastante al respecto. Lo afirmo, porque como la gran mayoría de las personas, yo también compraba los refrescos de la Coca Cola, pero fue por mi propia mala experiencia que dejé de ingerirlos hace más de 10 años.

Recuerdo que cuando estudiaba en la universidad y bebía Coca Cola, me daba con recurrencia acidez estomacal. El centro del pecho se me endurecía muchísimo, hasta pensaba que me daría un infarto por el fuerte dolor torácico. Los ojos se me enrojecían. Sentía que mis dientes se estaban volviendo arcilla, y perdía la paciencia con facilidad. Era obvio que las bebidas carbonatadas me estaban enfermando.

Por eso, decidí cambiar drásticamente mis hábitos alimenticios, bebiendo ocho vasos de agua al día que activan los órganos internos, favorecen la digestión, bajan la presión arterial, aumentan la energía, reducen el riesgo de sufrir problemas cardiovasculares, hidratan la piel y desintoxican el sistema linfático. A su vez, le dí prioridad a las galletas integrales, a los jugos naturales, a las ensaladas, a los cereales, a las frutas y a la milagrosa práctica del veganismo. Ese cambio radical en mi estilo de vida, me ha transformado en un hombre más positivo ante los retos que trae consigo la vida, mejorando mi estabilidad emocional y mi concentración, para desenvolverme como periodista en mi querida Venezuela.

Dicen que no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista. Pero parece que el flash capitalista en el centenario de Coca Cola, inmortalizará el destino de todos sus ángeles caídos.




Tomado de Rebelion.org. Fuente original de texto e imágenes: http://ekologia.com.ve/

"Un dinosaurio sin ataduras", por Carmen Aristegui

"Argumento irrefutable". Cartón de Hernández.



Un dinosaurio sin ataduras

Carmen Aristegui F.

El reciente capítulo protagonizado entre el relator especial de Naciones Unidas, Juan Méndez, y el Gobierno mexicano a raíz del informe sobre tortura que realizó el primero es una muestra más de lo que hemos dado en llamar el "vendaval autoritario" que azota a México desde hace varias semanas.

El tipo de reacción del Gobierno de Peña Nieto frente al informe elaborado por el reconocido jurista lo muestra como un Gobierno irascible, desconsiderado y dispuesto a matar o por lo menos a desprestigiar al mensajero en lugar de dar respuesta al mensaje.

Peña Nieto no se muestra dispuesto a discutir la información o las noticias sobre lo que ocurre en su Gobierno. Prefiere dañar -o intentar dañar, en este caso- a un muy consolidado prestigio. Supone que difamando a la paloma desaparecerá el mensaje.

En lugar de actuar frente a las graves afirmaciones de Méndez respecto a la tortura como práctica "generalizada", el Gobierno federal prefirió arremeter, en lo personal, contra uno de los juristas más prestigiados del continente poniendo en entredicho su honestidad e integridad profesional. Calificó de "irresponsable" su actuación y dijo que su "conducta había sido contraria a la ética".

Seguramente el Subsecretario Gómez Robledo, hasta antes de esto la mejor cara del Gobierno en el exterior en materia de derechos humanos, sabe perfectamente quién es Juan Méndez; probablemente el Canciller Meade tenga alguna noción. Dudo que el Presidente Peña Nieto tenga idea clara sobre la historia y biografía de una figura tan relevante para América Latina como la de Juan Méndez.

El Gobierno arremetió con un ataque personal en contra de uno de los juristas más connotados del continente. Méndez ha dicho que no esperaba de México un ataque de ese tipo en lo que considera su "fuero más íntimo", es decir, su reputación.

La biografía de Juan Méndez está marcada por la defensa de presos políticos que realizó en plena dictadura argentina. Detenido, torturado y confinado en régimen de detención administrativa por la dictadura militar, fue reconocido a nivel internacional como "preso de conciencia".

Impulsor por lustros de organizaciones como Human Rights Watch y otras, fue presidente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y ha sido profesor de Derecho Internacional en Derechos Humanos en las más importantes universidades del mundo.

Merecedor de gran cantidad de premios y reconocimientos internacionales, Méndez ha recibido un trato injusto, por decir lo menos, por parte del Gobierno de México.

El Gobierno de Peña Nieto debería no sólo disculparse con Méndez, debería también dar explicaciones sobre por qué no ha sido capaz de erradicar o por lo menos disminuir la práctica de la tortura que el relator identifica como "epidemia".

Debe explicar, también, otros casos que no se incluyen en el informe de Méndez. Casos emblemáticos como Tlatlaya y Ayotzinapa no fueron incorporados en este informe, por el tiempo en que fue levantada la información el año pasado. Denuncias de tortura están presentes en los dos casos.

Para construir la "verdad histórica" de Ayotzinapa se pudo haber recurrido a la tortura, si nos atenemos a las denuncias de declarantes que afirman haber dado sus testimonios bajo amenazas y tortura.

Sobre Tlatlaya, no sólo se mintió a la sociedad queriendo hacer creer que las muertes fueron producto de un enfrentamiento. Los muchachos asesinados y las mujeres sobrevivientes fueron víctimas de amenazas y tortura según se desprende de las propias averiguaciones.

No se puede reaccionar de forma virulenta y desconsiderada contra el relator Juan Méndez si no han podido explicar casos tan graves como recientes, o alguno más lejano, pero que toca de cerca al hoy Presidente, como el caso de San Salvador Atenco ocurrido cuando era Gobernador y en donde la violencia y la tortura pretendieron aniquilar la protesta social de los comuneros.

¿Es o no la tortura una práctica generalizada en México? ¿Es Peña Nieto el que puede dar cuenta de eso?

El incidente con el relator nos muestra de nuevo a un Gobierno acorralado, que no tolera la crítica, no soporta señalamientos y muestra aversión a cuestionamientos y a la rendición de cuentas.

Con encuestas en picada, este Gobierno no responde desde una lógica democrática. Ante diferendos, conflictos o informaciones que le son adversas, impone cerrazón y coletazos autoritarios.

No hay demasiadas dudas: el dinosaurio se mueve y se libera de ataduras. Más vale tomar conciencia de ello, sobre todo en tiempos electorales.

opinion@elnorte.com


Publicado originalmente en El Norte el 3 de abril de 2015.

27/3/15

"El poder de interrumpir", por @XimenaPeredoR

Ximena Peredo

27 Mar. 2015

No está pasando desapercibido ni para Los Pinos ni para los partidos políticos y las instituciones electorales que la indignación esparcida por todo el País está poniendo en vilo al próximo proceso electoral.

A diferencia del 2012 ésta no es una protesta contra el PRI -que invitaría a votar por sus oposiciones-, el hartazgo es contra todo el aparato gubernamental y nos convoca a un acto de desobediencia radical: paro electoral.

Frente a esta convicción, no sólo Peña Nieto, López Obrador o quienes viven del presupuesto público muestran preocupación, sino también el "ciudadano ejemplar" que se ha convertido en un calculador político sin ética personal.

Votar únicamente como contrapeso al voto duro es la mejor forma de fortalecerlo, pues se lo asume como parte natural del sistema político. Pero además este cálculo es un mito nacido de la izquierda incompetente.

Por otro lado, el voto de conciencia "por el menos peor" es igual de contradictorio, pues sólo dota al sistema de perdedores que a la postre legitimarán a los triunfadores establecidos.

De hecho, a estas alturas, lo mejor que podemos hacer por nuestra democracia es devolverle su carácter de incertidumbre.

El paso por las elecciones del día 7 de junio es un mero trámite cuando de antemano se sabe que el ganador será quien más dinero inyecte a su campaña -sea de narcos, empresarios, del erario. Pero quizá la peor de las certezas es saber que gane quien gane, las políticas neoliberales permanecerán.

El paro electoral es una apuesta por la incertidumbre, como momento verdadero, del cual podrían desprenderse aprendizajes y procesos diferentes, que nos conducirán hacia caminos distintos. De eso se trata, de romper el círculo vicioso de forma pacífica.

El 15 de abril de 2011, un grupo de señoras de Cherán, en Michoacán, hartas de secuestros y del saqueo a los recursos naturales comunes y de la complicidad de sus Gobiernos, se pusieron frente a las camionetas de los criminales y taladores decididas a no dejarlos pasar. Interrumpieron el flujo de la impunidad, que es lo que en última instancia propone el paro electoral.

Protesta en Cherán. Foto: marcianosmx.com

Cuatro años después, Cherán está por sostener sus segundas elecciones sin partidos políticos y sin campañas; todavía mejor, está por renovar a su Gobierno que no tiene presidente, ni síndicos, sino que está conformado por 12 personas probas, elegidas por mérito, a mano alzada.

Esta autonomía fue reconocida legalmente. En estas próximas elecciones no se instalarán casillas en este municipio. Primero desobedecieron, luego se ganaron el respeto del Estado.

Por eso, cuando en su mensaje a propósito del arranque de las campañas, el Presidente Peña dijo que "la mejor expresión de la voluntad popular es el sufragio individual", habló del voto como si se tratara de una concesión excepcional, como última licencia de expresión política, y ésa es la idea que hay que desobedecer.

La decisión de convertir el día 7 de junio en un día de protesta se esparce como una oportunidad histórica de reivindicar nuestro derecho a hacer política. Su poder reside en que se desobedece la única forma de participar, desenmascarando así al sistema fascista que está detrás; pero además, se interrumpe el flujo de la impunidad.

Otro ejemplo: en protesta por el impune derrame de 15 mil toneladas de petróleo al Río San Juan que los dejó sin agua y sin tierra cultivable, los feligreses de la parroquia La Mereced en San Juan, Cadereyta, acordaron que no participarán en las próximas elecciones. Acusan además la desunión que provocan los partidos políticos. Aquí el video: elnorte.com/padrechema

Es verdad, los partidos políticos ven a los puestos de elección como plataformas de negocios. Su lógica es la competencia y no la colaboración. Con sus grotescas campañas intentarán arrollar al México indignado, dispuesto a poner un alto.

¿Quién interrumpirá a quién? Eso está por verse...


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Editorial publicado originalmente en El Norte el 27 de Marzo de 2015.